COLUMNA DE OPINIÓN - PROTESTA SOCIAL.
Imagen tomada de: https://ultimasnoticias.com.ve/noticias/mundo/gobierno-colombiano-y-comite-de-paro-intentaran-mediar-este-viernes/
Debido al último periodo intenso de protestas que
ha atravesado Colombia, es importante poner el tema sobre la mesa, entonces, ¿Qué
se entiende por protesta?
En mi opinión, la protesta es un acto para participar dentro de un
debate político para hacer parte de la toma de decisiones, que permita el
derecho a la libre expresión, reunión y manifestación pública, encontrándose
permeada por distintos intereses sociales y/o motivos que permitan la
validación, reivindicación, transformación, visibilización o cambio de un problema/estructura/ideología/normatividades/derechos
que desmantelen los actos de corrupción o agresión de las distintas
problemáticas del país. Pero ¿Por qué hay tanta estigmatización
y criminalización de la protesta
Pues, la protesta se origina a través
de tensiones desde distintas posiciones e interacciones diferentes entre
sujetos, por lo que podemos encontrar posiciones que tratan de deslegitimar y
estigmatizar dichas posturas distintas, creando y materializando la idea de un
enemigo inexistente o tergiversado. Adicionalmente, esta concepción de enemigo
cuenta en el caso nacional con la materialización de este en el marco del gran
peso histórico del conflicto armado. Aquí, podemos encontrar posiciones que
sostienen que las protestas se mueven a través de organizaciones de las FARC,
vándalos, ELN, terrorismo, comunismo, pobreza que satanizan y generalizan la
protesta. Esta estigmatización viene desde alrededor de los años 70´s en
Colombia, y a partir del 2003/2005 ha venido en aumento, es por esto, que es
muy difícil acabar con esta mirada ya que siempre el sentimiento generalizado
de la protesta cuenta con una base fundamentalmente de la incomodidad o
inconformidad que presentan las dinámicas estatales en la dinámica social de la
población, en muchas ocasiones, afectando la integridad y bienestar de
poblaciones enteras por falta de políticas públicas eficientes, incluyentes y
contextualizadas en distintas necesidades del pueblo colombiano.
En segundo lugar, gracias a la
tradición enorme de corrientes conservadoras ideológicas a nivel general, se
estigmatiza el sentimiento y actos de ira, muchas veces reflejados en las
protestas con actos de deterioro, daño parcial o total de bienes y espacios
públicos, haciendo que la terminología de “criminalización” sea apta y válida
para encerrar y nuevamente universalizar estos actos de protesta con la huella
permeable de la violencia.
Por otro lado, hay que reconocer que
los medios de comunicación con mayor poder como RCN o Caracol se encargan de
que dicha estigmatización sea mucho más fuerte, tildándola como un hecho
ilegítimo.
Pero ¿Qué es lo legal y qué es lo
ilegítimo?
Se dice que la protesta desde
desenvolverse desde aspectos legales, pero ¿Qué es la legalidad?, ¿Quién define
lo que es legal y lo que no?, ¿Cuáles son los actos que la hacen ilegítima?, En
mi opinión, considero que la protesta siempre es legítima, y esta siempre va a
estar en una posición disruptiva, ya que es un elemento utilizado para
bloquear, alterar, cambiar la cotidianeidad como un acto de rebelión contra el
Estado, pues, la gente está molesta. Es por esto por lo que se presentan actos
de control basados en el sentimiento de ira o rabia, los cuales rompen y
destruyen de simbólica para llamar la atención de los entes superiores; por lo
tanto, consideramos que toda protesta es legítima, claramente, como todo, esta
debe de poseer unos límites para diferenciar el momento en los que dichos actos
están afectando la vida e integridad de las personas.
Ahora, es evidente el abuso de poder
por parte de la fuerza pública que se ha visto reflejado en el último periodo
de protestas, por ende, es importante tener en cuenta el peso que tiene la
violencia por parte de la fuerza pública dentro de las movilizaciones, siendo
este uno de los principales motivos de movilización entre 2019 y 2020.
Últimamente, la agresión a la vida y la integridad por parte de la fuerza
pública se hace notar, además de la represión y los castigos arbitrarios que se
les da a los manifestantes al momento de ser abordados por estos, en donde la
policía pasa de ser una institución que sirve para y por los ciudadanos y el
bien, a ser una institución violenta. Lo mismo sucede con el ESMAD quienes en
vez de generar orden, llegan a violentar, gasear, agredir a los manifestantes.
Es una problemática bastante fuerte y se considera que se debe hacer una
reforma de estas instituciones, en donde el castigo para quienes cometen abuso
de poder sea severo, y no solamente un proceso interno o retiro de cargo. Se
debe enseñar a la policía a llevar a cabo los procesos de manera humana y no
militar. Pero ¿A qué se debe esto? Esto proviene desde la militarización de la
policía en 1973, ya que a partir de este hecho, en la institución se
considera la protesta como un problema mental o terrorista, por lo tanto, vemos
esa misma concepción reflejada en momentos actuales, ya que los discursos que
se reproducían en los 70´s se han quedado en la realidad cotidiana hasta el día
de hoy, repitiendo el mismo discurso apático y de odio a quienes piensan
distinto, creando un gran problema estructural entre manifestantes (mal
llamados la oposición) y la fuerza pública que no muestra ni el más mínimo
interés para cambiar de perspectiva ante la protesta social. Si bien, la
agresión por parte de la policía aumentó desde el 2001 y claramente se ve
reflejado hasta nuestra actualidad en donde la institución abusa, encubre actos
violentos, desaparece, extorsiona y demás hechos lamentables “bajo la ley”.
Por ende, se habla de la
"militancia de la vida", cuando se dice militancia de la
vida, hago referencia a aquel ejercicio de poder por parte de la fuerza pública
que se ha dado tras la pandemia, ya que son estos quienes tienen el control de
los territorios y practican ejercicios de poder para quienes se encuentran en
las calles tratando de sobrevivir del día a día, es decir, en la
pandemia son estos quienes controlan en confinamiento después de ciertas horas
y permiten quien trabaja y quien no, haciendo una militarización de la
vida. En un contexto más actual esta militancia de la vida se ve de una
manera supremamente explícita, en el creciente autoritarismo con el que cuenta
hoy día la fuerza pública. Desglosando un poco más esta dinámica, se refleja que
la Policía Nacional gracias al poder que se le ha delegado por parte del
Gobierno Nacional de mantener el orden y las estrictas medidas para intentar
reducir la propagación de un aumento de casos de contagio de COVID-19, quienes
ahora son los que deciden sobre lo que se puede hacer o no se puede hacer en el
ámbito social, productivo, económico, etc. Se tiende pues, a implantar un tipo
de orden y poder que nace profundamente de la policía en el momento del
contacto con la gente y en específico con los manifestantes, reflejado en un
abuso del poder y abuso de la fuerza.
Ahora, es importante pensarnos: ¿Cuál
es el papel de los jóvenes en las protestas?, en mi opinión, las mentes jóvenes
son de suma importancia para la protesta social, ya que está esa llama creativa,
florecedora que permite repensarse las realidades sociales, como bien lo dice
Jaime Garzón:
“Si ustedes los
jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvarlo.
¡Nadie!”
Como jóvenes debemos
tomar las riendas del país, ya sea para un futuro mejor, o para no caer en las
redes del conformismo al momento de llegar a la adultez, es por esto que
nuestro papel debe ser convocar a la ciudadanía a que manifieste las
inconformidades e injusticias para luchar contra la hegemonía del estado, para
ello es necesario informarnos e informar al pueblo para así sostener una
capacidad de conversación y argumentación con quienes poseen diferencias, no se
trata nunca de imponer, sino de demostrar los puntos de vista con bases sólidas
por medio de investigaciones, lectura, estudios que permitan comprender
aquellos puntos de forma crítica para quienes toman las decisiones, y así poder
transformar las realidades y cambiar aquellos formatos del pasado que no
permiten que la sociedad avance. También, debemos tratar de derrumbar aquellas
tesis que estigmatizan y afirman que la protesta social es un acto vandálico y
terrorista, por medio de la generación de conocimiento.
La protesta social debe seguir en
nuestras realidades para seguir luchando por los derechos de las personas, ya
que, los derechos están garantizados en papel, pero no se ven reflejados en la
realidad, así que sin protesta no hay forma de garantizar estos derechos.
El gobierno de Duque no ha aportado más
que cosas negativas en el país, incrementando el asesinato de los líderes
sociales y retoma de grupos armados, leyes que proponen pensionarse en tiempos
lejanos, o bajar el salario mínimo de los colombianos. Además de la poca
empatía que ha demostrado el presidente frente a quienes piensan diferente a él
(izquierda o protesta estudiantil), o quienes critican al expresidente Álvaro
Uribe Vélez, notando su poca neutralidad ante las diferencias.
Claramente, con su llegada las
protestas sociales se han visto como actos de izquierda lideradas por Petro y
le guerrilla debido a su relación política con estos, tratando de rechazar y
deslegitimar los movimientos sociales, e incluso, justificando los actos
violentos de la fuerza pública. Todo esto ha llevado a que se desate una digna
rabia contra el presidente, y se ve reflejado en la ciudadanía, a quienes les
importa más una protesta social o el bloqueo de una vía de Transmilenio, que el
asesinato de líderes sociales y vulneración de derechos humanos.
A modo de conclusión, es realmente
importante entender los motivos por los cuales se sale a marchar
entendiendo que no solo son jóvenes “vagos” o “criminales” los que están en
cabeza de esto, sino que son gremios y partes de la población a nivel nacional
que entienden y se preocupan por intervenir y poder ejercer su derecho a tener
una voz frente a las dinámicas políticas, sociales, económicas, ambientales, de
género, etc., de nuestro país. Este sentir de la protesta no es una acción sin
razón u objetivo, sino que esta torna hacia un marco de necesidad debido
también, a la opresión, abandono e ineficacia del gobierno en la enorme
trayectoria histórica que este mismo posee.
Siguiendo con estos postulados, se
encuentra la ambigüedad de la (i)legalidad de las protestas frente a quien
decide, de qué manera y quienes son realmente los implicados en cuanto a
ejecutores y receptores de estas directrices. Ahora bien, estas normativas se
dictan desde el poder gubernamental y estatal, que, en caso de Bogotá, están
acobijadas por presidencia de la república y dirección distrital en manos de la
actual alcaldesa Claudia López, la cual, al igual que la sociedad civil,
contiene y se enfrenta a tensiones cada vez más crecientes que reflejan esa
incomodidad en problemas internos dentro de los organismos institucionales y
personas a cargo del poder de la capital del país y la nación, ¿Cómo se exige
orden y calma cuando se refleja todo lo contrario inclusive dentro de los
mismos dirigentes del país/capital?
Ese sentir de incomodidad, además,
sentimos que tiene que ir en línea con la empatía que actualmente se ven menos
entre regiones alejadas del país y la capital de la nación, pero ¿Qué hay
acerca del nivel microsocial en cada uno de estos territorios? La empatía y las
protestas hacia ellas y las problemáticas sociales se ven ignoradas o relegadas
a un segundo plano por falta de interés e implicaciones directas, es decir,
como no son miembros familiares cercanos los afectados, como no es mi
comunidad, como no es mi hija o inclusivo mi madre, hermano o padre, el
problema es de la región y no de cada uno de los sujetos de este país. Si se
incomoda un ciudadano o ciudadana por los bloqueos en los distintos servicios
de transporte, en franjas de horarios laborales, deberían así mismo, estar
incomodas e incomodos frente a las razones por las cuales se protesta; ejemplificando
estas razones se pueden encontrar la corrupción, falta de políticas públicas
eficientes, masacres, vulneración de pueblos ancestrales, abuso de fuerza y
autoridad, etc., una lista demasiado extensa para Colombia.


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